VOLARON UNA SEDE DE ENTIDADES JUDÍAS 26 MUERTOS Y 146 HERIDOSAún habría decenas de personas bajo los escombros

Daniel Pomerantz

Director de AMIA y sobreviviente

Anoche los equipos de rescate seguían tratando de encontrar a las víctimas entre los escombros del edificio de la AMIA, una entidad que es símbolo de la comunidad judía en la Argentina.

La explosión había causado 26 muertos y 146 heridos. Pero estimaciones policiales y del propio titular de la DAIA, Rubén Beraja, admitían que entre la mampostería derrumbada y los hierros destruidos podían haber decenas de víctimas más. El ataque fue repudiado en el país y en el mundo. El presidente Menem dialogó con el premier israelí, Yitzhak Rabin, y se comprometió a esclarecer el atentado. Es la segunda vez que este tipo de violencia sacude a los argentinos, en marzo de 1992 fue volada la Embajada de Israel, con un saldo de 29 muertos y 250 heridos. Hasta hoy, ese ataque sigue sin ser esclarecido. Ahora, como entonces, las investigaciones se orientan hacia grupos islámicos, como Hezbollah, que ya se había atribuido el atentado contra la Embajada.

A las 9.56 de ayer, una bomba demolió la sede central de la Asociación de Mutuales Israelitas Argentinas (AMIA) y de la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (DAIA), las dos organizaciones rectoras de la comunidad judía en nuestro país. En el atentado murieron 26 personas y 146 resultaron heridas de distinta gravedad, según las cifras conocidas oficialmente anoche. Pero se piensa que hay decenas de víctimas bajo los escombros. La magnitud de la explosión y las heridas de las víctimas hacía lenta la identificación de muertos y heridos.

Los bomberos sacan a una de las víctimas de los escombros del edificio

A veintiocho meses y un día del espantoso atentado que, el 17 de marzo de 1992 hizo volar a la Embajada de Israel, un hecho que parece calcado de aquel conmovió al país, esta vez llevado a cabo en una de las zonas más transitadas de la ciudad y en una hora pico. De nuevo, como hace casi dos años y medio, los investigadores dirigen sus ojos a grupos fundamentalistas islámicos, en especial a Hezbollah (Partido de Dios), que se adjudicó la autoría de la voladura de la Embajada, y a su brazo armado, la Jihad Islámica.

Los organismos de Inteligencia argentinos, nuevamente sorprendidos por el accionar del terrorismo, admitieron sin embargo ayer que en febrero pasado, en la frontera argentino-brasileña, fue detectada una base de terroristas pro iraníes. Ni ese dato, acaso, revelador, ni la brutal advertencia de marzo del 92, alcanzaron sin embargo para prevenir un nuevo y sangriento ataque terrorista a la comunidad judía de nuestro país.

La reacción del Gobierno, esta vez, fue volver a impulsar la creación de una Supersecretaría de Seguridad. Y el propio presidente, Carlos Menem, reclamó una vez más que se implante la pena de muerte.

Anoche, el presidente Carlos Menem anunció que un ciudadano iraquí fue “detenido provisionalmente” en Paso de los Libres, Corrientes, frente a la localidad brasileña de Uruguayana. El detenido tenía en su poder un pasaporte brasileño de 1963, vencido.

Rescatistas y testigos sobre los escombros.Rescatistas y testigos sobre los escombros.

A diferencia del atentado contra la Embajada, los investigadores no parecen sostener por ahora la teoría de que fue un coche bomba el que se hizo detonar a las puertas del edificio de siete pisos de Pasteur 633 que compartían la DAIA y la AMIA. Hasta anoche, se inclinaban por la colocación de un poderoso explosivo en el interior del edificio, más precisamente en uno de sus subsuelos.

El atentado, que mereció la condena del Gobierno, del resto del espectro político, de la Iglesia, de la CGT, de entidades sociales y de la comunidad internacional, estuvo signado por el anterior ataque a la Embajada israelí. Es que parecía una reedición de la tragedia anterior. A las diez de la mañana, la calle Pasteur, entre Tucumán y Viamonte, parecía un mundo en guerra.

Entre los ayes de dolor de las víctimas, los alaridos de desesperación de los testigos, el polvo espeso que levantaron las ruinas, el aroma acre y pegajoso de la sangre, los vidrios que caían como guillotinas desde el cielo, el 600 de Pasteur era un infierno.

SAME, policía y voluntarios trasladan un cuerpo.SAME, policía y voluntarios trasladan un cuerpo.

La escenografía no cambió a lo largo del día. Al estallido siguió el caos. Al caos se le sumó la improvisación. Al caos y a la improvisación se les sumó el desconcierto. Y a todo se le sumó una avalancha de testigos, curiosos y voluntarios a pie, en moto o al volante de sus autos, que demoraría cinco horas ordenar.

Dos mil quinientas personas, entre policías, médicos, socorristas y miembros de Defensa Civil, participaron de la remoción de los escombros.

Pocos minutos después de la explosión, un joven es retirado en camilla.

Varias vidas le fueron arrebatadas a la muerte. Algunas, de entre las ruinas. Otras, en los quirófanos de la mayoría de los hospitales públicos de la Capital, en especial en el Hospital de Clínicas, donde la voz de su director, Florencio Sanguinetti, fue un faro en medio de la confusión.

Anoche, mientras nuevos derrumbes ponían en peligro la vida de los socorristas, Menem y el titular de la DAIA, Rubén Beraja, se entrevistaron en la Casa de Gobierno. Cuando la reunión terminó, Menem partió al Clínicas a interesarse por los heridos. Beraja cerró el círculo del terror que se abrió hace veintiocho meses. Dijo que la impunidad en que quedó el atentado contra la Embajada de Israel “pudo haber actuado como invitación para este nuevo ataque”. Era una queja. También una advertencia.

LAS CLAVES DE LA TRAGEDIA

  • El atentado se produjo minutos antes de las 10 de la mañana de ayer.
  • Se derrumbaron los siete pisos del edificio donde tenían su sede la AMIA y la DAIA, entidades rectoras de la comunidad.
  • Según estimaciones policiales, aún habría decenas de víctimas entre los escombros.
  • Se calcula que entre 100 y 120 personas estaban en el edificio en el momento de la explosión.
  • La búsqueda de víctimas siguió durante la noche y hubo más heridos por derrumbes en parte de la estructura del edificio.
El rescate de un hombre.El rescate de un hombre.
  • El rescate de las víctimas estuvo rodeado de un gran desorden, sobre todo en las primeras horas.
  • La mayoría de los peritos supone que no hubo un coche bomba, sino que los explosivos fueron colocados en el sótano del edificio destruido.
  • Las investigaciones se orientan —como en el atentado contra la embajada de Israel en marzo del ‘92— hacia grupos fundamentalistas islámicos.
  • El presidente Menem anunció anoche que había sido detenido en la ciudad correntina de Paso de los Libres un ciudadano iraquí.
  • Organismos de inteligencia argentinos detectaron, en febrero pasado, una base de terroristas pro iraníes en la frontera con el Brasil.
  • Tras el atentado, el presidente Menem volvió a pedir la pena de muerte y se comprometió a esclarecer el atentado, en conversación con el premier israelí, Yitzhak Rabin.
  • Por unas horas se cerraron las fronteras. Luego, como medida preventiva, se dispuso a restringir la salida del país.
  • Hubo unánime repudio del Gobierno, los políticos, la Iglesia, la CGT, entidades sociales y la comunidad internacional.
  • El escritor Ernesto Sábato dijo que “me avergüenza como argentino que por segunda vez se haya perpetrado este atentado en nuestra tierra”.
  • También quedó cuestionada la eficacia del sistema de seguridad: la AMIA y la DAIA habían recibido amenazas últimamente, pero no hubo previsión sobre un posible atentado.
Transeúntes asisten a una señora. Transeúntes asisten a una señora.

¿Bomba en el sótano?

No hubo coche bomba y, en cambio, los explosivos se habrían colocado dentro del edificio.

Esta era, anoche, la hipótesis más consistente entre los expertos de la Brigada de Explosivos de la Policía Federal y de los servicios de Inteligencia que analizaron durante toda la jornada de ayer cómo ocurrió el atentado.

Gran parte de la información para tratar de reconstruir el ataque provino de los dos policías que custodiaban en un patrullero la sede de la AMIA.

Un coche destruido a metros del edificio.Un coche destruido a metros del edificio.

Ambos hombres, internados en el Hospital Churruca, narraron con detalles el efecto provocado por la explosión. El que estaba dentro del patrullero junto a la puerta describió “un temblor en el piso del auto y sólo después el derrumbe del edificio”. Su compañero, que estaba en la vereda de enfrente y sufrió quemaduras por la onda caliente expansiva, sumó datos similares.

Todo indica, señaló una fuente oficial a Clarín, que el explosivo se colocó dentro del edificio o muy posiblemente en el sótano, donde se habían iniciado refacciones hace tres días. “De otra manera —agregó el funcionario de Seguridad— la onda expansiva registrada en la calle hubiera sido aún más violenta y sin duda hubiera habido más daños”.

El edificio de AMIA, en la calle Pasteur 600, destruido por la explosión.

Esta madrugada seguían removiendo escombros en busca de más víctimas

Bomberos, policías, médicos y personal de Defensa Civil seguían al cierre de esta edición con las tareas de rescate. Anoche fueron localizadas con vida tres personas y cerca de la medianoche dos fueron rescatadas con vida. Una versión policial indica que podría haber entre 90 y 120 personas atrapadas bajo los escombros. El presidente de la DAIA, Rubén Beraja, dijo anoche que esa cifra “no es imposible”, porque además de los empleados que había en el lugar, podría haber estado mucha otra gente haciendo trámites. Más de 2.500 personas trabajaron en el lugar del atentado. A las 19.42, se produjo otro derrumbe, cuando entre cinco y siete bomberos intentaban rescatar a cuatro personas y cayó sobre ellos un enorme trozo de mampostería. Dos bomberos quedaron sepultados y otros tres sufrieron heridas. Menem le prometió al premier de Israel, aclarar el caso.

—“¡Corran que se cae todo, carajo!”, alcanzó a gritar uno de los bomberos y se tiró abajo entre los escombros para escapar de la muerte.

Voluntarios de la Cruz Roja, policías y civiles ayudan entre los escombros.Voluntarios de la Cruz Roja, policías y civiles ayudan entre los escombros.

Este nuevo derrumbe que se produjo ayer a las 19.42 retrasó aún más el rescate de las personas atrapadas entre las ruinas del edificio de la AMIA. Según fuentes policiales, serían entre 90 y 120 las personas que estarían debajo de los escombros.

Consultado por Clarín, el presidente de la DAIA, Rubén Beraja, dijo anoche que “esa cifra no es imposible. En el edificio había alrededor de 70 empleados. Y la variable que hay que determinar es la cantidad de gente que estaba de paso en la AMIA, por ejemplo haciendo trámites”. Otros dirigentes de la DAIA hablaron de que había en el lugar entre 80 y 100 personas.

"¿Lo vio?" Un padre sostiene la foto de su hijo Moisés, de 22 años."¿Lo vio?" Un padre sostiene la foto de su hijo Moisés, de 22 años.

Ayer, cuando los bomberos y socorristas intentaban sacar a cuatro personas atrapadas en el subsuelo se desprendió un gigantesco trozo de mampostería. Dos de ellos quedaron sepultados. Otros tres sufrieron heridas. Al menos tres personas habían sido localizadas con vida entre los escombros. Cerca de la medianoche, dos de ellas fueron rescatadas con vida.

Otra vez volvieron a vivirse escenas de alarma, conmoción y desorden, como durante las primeras horas después del atentado.

Entre los restos de material desmoronado de lo que fue una pared lateral del edificio quedaron bomberos, cadetes de la Policía Federal y personal de Defensa Civil.

Daños en los edificios cercanos a la Asociación. Daños en los edificios cercanos a la Asociación.

Los miembros del equipo de rescate debieron replantear su esquema de tareas para, esta vez, socorrer a sus compañeros que quedaron atrapados entre los escombros y que fueron evacuados en camillas, casi todos con las piernas inmovilizadas por las lastimaduras.

Recién una hora y media después del último derrumbe comenzó a reanudarse la búsqueda de las personas atrapadas por el atentado. A las 21.30 pudieron sacar a uno de los heridos, y 10 minutos después a un hombre de unos 35 años de edad, también con vida.

Los bomberos habían abierto un pozo a través del cual se pudo llegar hasta los sótanos de la AMIA, que estaban inundados por la rotura de las cañerías. Durante la tarde, las brigadas de socorristas pidieron por los parlantes máscaras de agua, utilizadas luego para trabajar en esos sótanos.

A través de ese conducto abierto por los bomberos, un médico del hospital Durand fue el encargado de asistir a los sobrevivientes atrapados.

Humo y pánico

“Brazos en alto y nos callamos todos. Si no será imposible hacer algo por los que están necesitando ayuda”, repetía una voz amplificada por el megáfono.“Brazos en alto y nos callamos todos. Si no será imposible hacer algo por los que están necesitando ayuda”, repetía una voz amplificada por el megáfono.

Las primeras escenas de la tragedia están ligadas al desorden, al estupor y a la sangre. Minutos después del estallido, Pasteur al 600 —entre Viamonte y Tucumán— era sencillamente impiadosa: cuerpos seccionados, gritos de dolor, el llanto de todos y la desesperación.

A las 10.30, voluntarios espontáneos y gente del SAME (Servicios de urgencias de la Municipalidad) edificaban el orden en el medio de la nada. Apenas un megáfono, baldes y palas hablaban de organización.

—“Brazos en alto y nos callamos todos. ¿Oyeron? Si no será imposible hacer algo por los que están necesitando ayuda”, repetía una voz amplificada por el megáfono.

Este escenario estaba dibujado por el mismo lápiz que trazó el drama hace dos años en la Embajada de Israel. O peor.

A casi 100 metros de la explosión, pasando Tucumán, se escuchó el reclamo de una mujer desesperada: —“Por favor, agente, saque eso de ahí”. A modo de súplica, la mujer quería que el policía retirara de la vista de todos el brazo de un hombre envuelto en una camisa blanca.

Pero el policía no quiso afrontar la situación. Puso cara de asco. No se animó y dio la espalda a la imagen de muerte.

Mientras esperaban que llegaran los guantes, los socorristas se pusieron medias en las manos. Sacar piedras y vigas del camino equivalía a profanar tumbas. Muy cerca del secretario de la Presidencia, Eduardo Bauzá, un grupo de estudiantes de Medicina a la cuenta de “tres” corrió una gran viga de cemento: encontraron el cuerpo aplastado de una mujer.

Un rescatista entre los restos de material desmoronado.Un rescatista entre los restos de material desmoronado.

Una parte del cuerpo se lo llevaron sobre una puerta que hacía las veces de camilla, el resto cupo en un balde. Para Dalila (19 años, guardapolvo blanco) fue demasiado y se desmayó delante de sus compañeros.

Más de 2.500 personas trabajaron ayer en la zona del atentado. Esto involucró a policías, bomberos, personal médico, Defensa Civil, personal de la Municipalidad y voluntarios, informó anoche la Policía.

Pero para organizar las tareas, la Policía Federal impartió expresas instrucciones a los jefes a cargo del operativo de rescate para que sólo permitieran que en el lugar permanecieran efectivos de la fuerza, personal del SAME y del cuerpo de bomberos.

Todo el sector delimitado por las avenidas Corrientes, Córdoba, Larrea y Uriburu estaba sin luz por el corte preventivo que dispuso la empresa EDESUR. Para iluminar la zona del atentado se contó con grupos electrógenos de bomberos de la Policía Federal, de Metrovías y de Canal 13.

Civiles, enfermeros y equipos de rescate sobre los escombros.Civiles, enfermeros y equipos de rescate sobre los escombros.

Los vidrios caían del cielo

Estudiante de medicina de 2° año, Vanina Chorny (30) cuenta que “llevaba guantes encima y atendí a unas siete personas que pasaban por la calle y que salieron por sus propios medios, con heridas superficiales".

Vanina estaba en el negocio de cotillón de Lavalle y José E. Uriburu cuando sintió la explosión. “Cimbró todo —recuerda—. Los vidrios caían del cielo. Con esa lluvia de vidrios se cortó mucha gente. Yo pensaba que estaba mi abuela dentro de la AMIA y me acerqué. La gente estaba con un ataque de histeria y corría para todos lados porque pensaba que había más bombas. Otros no sabían lo que pasaba y creían que era el gas”.

Un oficial de la Superintendencia de Bomberos de la Policía Federal, que declinó identificarse, señaló: “Estaba de franco, venía con el auto por Córdoba y Larrea cuando sentí la explosión y vine. Había pánico total, la gente gritando, llorando. Ayudé a sacar a cinco personas cuando todavía había corriente en el edificio, antes de que cortaran la luz”.

Menem prometió aclarar el atentado

El presidente Carlos Menem dialogó ayer con el primer ministro israelí, Yitzhak Rabin, a quien expresó el repudio total del Gobierno argentino por el atentado que destruyó totalmente la sede de la AMIA.

En la noche, el jefe del Estado recibió al titular de la DAIA, Rubén Beraja, a quien reiteró la posición del Gobierno frente al bárbaro atentado y aseguró que las autoridades pondrán todo su empeño en esclarecer el trágico episodio.

Menem habló con Rabin entre las 13.45 y las 14. Rabin ya había calificado el atentado como “cobarde y miserable”, por dirigirse contra objetivos civiles. Dijo que Israel “seguirá luchando sin tregua y hasta el fin contra los jefes del terrorismo”.

Durante la conversación telefónica, el presidente dijo a Rabin que el Gobierno estaba en plena actividad “procurando detectar a quienes son los responsables de este nuevo atentado”. Sostuvo además que su gestión “está acompañando incondicionalmente (a Rabin) en este proceso de paz que se lleva a cabo en Oriente Medio”.

Rabin agradeció la llamada y luego remarcó que creía que “la principal responsabilidad ante las víctimas de este acto terrible es encontrar a los culpables y poner punto final al terrorismo internacional”. Enseguida agradeció en nombre de su pueblo que perdió seres amados y dijo saber que “en esa ruta hacia la paz, vamos a encontrar muchos enemigos, que harán cualquier cosa para crear problemas, asesinando y realizando actividades terroristas”.

En alusión a los responsables de la tragedia, Menem señaló que se trataba de “bestias que no merecen vivir dentro de la comunidad”. Luego agregó: “No nos merecemos esto”

Consultado sobre el origen del hecho, sus vinculaciones políticas o conexiones internacionales, señaló que “mientras no tengamos información de las fuerzas de seguridad no podemos abrir juicios”. Insistió que los autores “son gente que viene al país, comete el atentado y rápidamente se va”. Dijo que “son profesionales que vienen de afuera, apoyados por gente que está dentro”. Y agregó: “Aquí han venido profesionales, de otro modo no se entiende un hecho de tal magnitud. La Argentina es un país que vive en paz, sin segregación y no hay nada que haga prever este tipo de terror”.

Agregó entonces: “Por eso dispusimos el estricto control de todos los aeropuertos, puertos y pasos fronterizos”, y la inmediata formación de “un cuerpo especial de fiscales para que comience la investigación del episodio”. Dijo además que los servicios de inteligencia y seguridad de Israel “vendrán a colaborar con nuestras fuerzas de seguridad”.